EL CLUB DE LA LUCHA

     Cuca Gamarra se enciende en la cola de un cohete que disparado no sabemos a quién o a qué representa, María Jesús Montero gesticula y grita desde el banco azul, puro cine italiano a la hora de almorzar con el telediario nuestro de cada día. En esa Italia de referencia se han liado a mamporros en el hemiciclo, esperemos que nuestras ilustres próceres no acaben tirándose del moño como en una estampa de casa de vecinos de los años cincuenta.

            ¡¡Violencia, violencia!!.

       Cada vez conozco a más gente que desconecta de todo. Hace unas semanas asistí a unos seminarios en Caixaforum que intentaban desentrañar los motivos por los que la gente se alejaba de toda información de actualidad. La sala repleta de periodistas, bajo mi punto de vista, no lograba encontrar la respuesta. Se enzarzaron en la discusión de un  montón de causas endogámicas sin llegar al meollo de la cuestión que es la sobresaturación de violencia: soterrada, dialéctica, explícita.  Toda la estructura de un periódico, en papel o digital, noticiario, radio o  televisión se mueve bajo los parámetros de que una buena noticia no es noticia. Es imposible digerir un mundo en clave de enfrentamiento cuando nuestra vida cotidiana no contiene ni se mueve de lejos en esos parámetros.

   Terminan nuestros noticieros, por la mañana suelen ser radiofónicos mientras nos preparamos para la jornada laboral, a la hora de almorzar o cenar en forma de telediarios. Seremos unos trabajadores estresados y unos convivientes malhumorados si queremos seguir la actualidad diaria. Bien, termina la jornada y deseamos un poco de sosiego, vuelta a la violencia, mirando la televisión como el noventa y cinco por ciento de los ciudadanos después de cenar, pasamos el mando a distancia por una parrilla de películas con agentes de los más diversos servicios secretos que deben enfrentar terroristas en múltiples países, agentes de la ley que deben conducir a algún sitio a narcotraficantes que van a ser asaltados tarde o temprano por sus correligionarios, mujeres o niños retenidos por peligrosos delincuentes que le ordenan a su progenitor las más deshonestas y viles acciones para ser liberados, hijas secuestradas o esposas violadas a las que en particular Liam Neeson o Bruce Willis deben salvar correteando encima de camiones o trenes en movimiento mientras que liquidan a todo bicho viviente que se interponga en sus alocadas carreras. Y así durante casi veinte cadenas generalistas cada noche.

            ¡¡Violencia, violencia!!

Con esa carga ¿qué haces? O más bien ¿qué intentan hacer de nosotros? Demasiado bien nos comportamos en general después de un día que comienza con Ucrania, Gaza, broncas en el Congreso y termina con tiros, golpes y bombas después de la cena. Todos nos marchamos a la cama hastiados de un mundo cruel y agobiante que se cuela en nuestros desayunos, almuerzos y cenas tanto en su versión periodística como en la ficción.

            No puedo creer que haya gente adicta a ese tipo de contenidos, que se conecten por afición, por placer a la sangre, mamporros y exabruptos. La mayoría somos gentes pacíficas que anhelamos llegar al final de la jornada con un poco de armonía. Somos de un planeta donde no habitan los comunicadores, somos refractarios a la violencia, por eso apagamos el mando, desconectamos la radio y nos alejamos de las noticias en redes sociales, solo deseamos un sueño sin violencia.

Carmen Pérez Alfonso

Abogada y Periodista