OLVIDADA TORRE DE LA PLATA

JOSÉ GARCÍA-TAPIAL Y LEÓN, arquitecto.

            Permítame mi admirada Ana María Matute que tome prestado el calificativo de aquel rey Gudú de su medioevo de ficción para referirme a este monumento real de nuestra histórica Edad Media y que parece sufrir igual destino. Porque, el importante rescate del olvido del recinto amurallado sevillano, que ha supuesto el éxito de la exposición sobre las puertas de Sevilla, parece no haber alcanzado a la tercera de nuestras grandes torres almohades.

            Precisamente en el costado norte de esta torre se encontraba el postigo mejor identificado en su emplazamiento de entre todos los desaparecidos: el postigo del Carbón. Su localización viene avalada por distintos datos. En primer lugar porque así aparece reflejado en numerosos grabados y vistas panorámicas de Sevilla como, por ejemplo en la muy conocida vista de 1617 “Qui non ha visto Sevillia non ha visto Marravilla”, de Joannes Janssonius. También lo certifica la presencia de la hornacina con imagen religiosa (la Virgen del Carmen en este caso) común en todas las entradas a la ciudad así como la permanencia en su lateral de la pieza de piedra con las acanaladuras precisas para encajar los tablones que, una vez calafateados, servían de defensa frente a las riadas. Algo más arriba, veremos el azulejo “Postigo del Carbón”, que es copia del nomenclátor de Olavide, porque la pieza original, por seguridad, se colocó en el interior del edificio, junto al gran dintel de madera de la vieja puerta almohade, cuyo arranque es aún visible desde dentro. Por último no deja de ser curioso y representativo de las permanencias de nuestros nombres y usos históricos el que, cuando en 1988 el Ayuntamiento recuperó estos espacios, el local contiguo a la desaparecida puerta todavía albergara ….. una carbonería.

            Interiormente, y cerca de aquellos vestigios de la primitiva puerta se abre un pasadizo por dentro del pequeño trozo de muralla que, aún hoy, vemos, interrumpido y paralelo a la calle Santander. ¿Qué sentido puede tener este pasadizo interno en una muralla? Este lienzo murado, al encontrarse intramuros, no asumía ya funciones defensivas sirviendo, exclusivamente, como elemento de unión entre el Alcázar y las torres de la Plata y del Oro. La razón de la construcción de tal pasaje interior se puede encontrar en el deseo de eludir los continuos vertidos de basura sobre el paseo de ronda, que impedían el  tránsito entre aquel y las dos torres. Tal vez por esta circunstancia, no se identificó ni protegió como muralla histórica, considerándolo como dos viejas tapias paralelas, cuando, en 1914, José Espiau y Muñoz, levantó el edificio de viviendas en la calle Santander, entonces denominada calle del Carbón, construcción hoy, por cierto, también desaparecida y, discutiblemente sustituida.

            Pero volvamos a la Torre. Cuando los técnicos municipales (José María Morales, José María Cabeza y quien esto firma) accedimos a ella en septiembre de 1989, se encontraba irreconocible interiormente. Las dos airosas cámaras góticas se habían subdividido, vertical y horizontalmente, en cuatro infraviviendas antihigiénicas. La hilera de esbeltas ventanas pareadas que iluminaba la cámara superior,  se encontraba cegada y resultaba difícil  su identificación. Buhardillas y lavaderos añadidos ocultaban su dimensión real, dificultando su contemplación. El edificio que lo envuelve por la calle Santander, y que igualmente se encontraba en estado ruinoso, es de gran interés. Fue proyectado, en 1609, por el arquitecto milanés Vermondo Resta, Maestro Mayor del Real Alcázar, así como del Arzobispado Hispalense y a quien se debe, entre otras obras significativas, los patios principales del Palacio Arzobispal, y en el Alcázar, el Jardín de las Damas, con sus portadas y galerías, la Galería de los Grutescos, el Apeadero de acceso desde el Patio de Banderas con su portada, entre otras numerosas intervenciones que sería prolijo enumerar.

Todo ello fue debidamente restaurado y rehabilitado, eliminando añadidos inadecuados, recuperando las proporciones y texturas originales, abriendo los huecos cegados, dejando interiormente la torre exenta para su contemplación integral, con unos trabajos que se prolongaron a lo largo de dos años invirtiendo un total de 47.059.496 pesetas (282.826,47€), para dejarlo acondicionado como espacio expositivo. ¿Y ahora qué? Han pasado 24 años, la torre sigue oculta para los sevillanos, el interesante pasadizo interior que se ha descrito se usa como almacén, las cámaras alfonsíes y el edificio manierista albergan unas dependencias municipales cualesquiera que bien podrían ubicarse en algunos de los locales que el Ayuntamiento está recuperando actualmente. Pero no quisiera quedarme en la relación de estos hechos sin aportar alguna propuesta constructiva.

A lo largo de los 30 años de vida de la Gerencia de Urbanismo se han organizado un buen número de actividades, congresos, publicaciones, exposiciones, etc. De todas ellas se conservan, en sus almacenes, abundante material expositivo, catálogos y varias maquetas. Me quiere referir a tres de estas últimas que podrían mostrarse en la Torre una vez liberada del uso administrativo. La primera, que podría situarse en planta baja, sería la maqueta de la propia Casa de la Moneda junto al material expositivo relativo a las actuaciones municipales en este espacio. En la primera cámara ubicaríamos la maqueta que recoge el trazado de la muralla islámica, elaborada para la exposición “El Último Siglo de la Sevilla Islámica” junto a algunos paneles de la misma y sus catálogos correspondientes. Por último la impresionante cámara gótica superior podría acoger el conjunto de tres maquetas superpuestas de la Sevilla Romana, la Sevilla Musulmana y la Sevilla Renacentista que, encargadas, para el abortado Museo de la Ciudad, y valoradas en más de 540.000 euros, permanecen desconocidas por los sevillanos. Hagamos un esfuerzo para recuperar nuestra historia, nuestros monumentos…. Y nuestras inversiones.

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